sábado, 10 de mayo de 2014

Madrugá de ensueño, Madrugá de Esperanza

Hacía cuatro años ya que las inclemencias meterológicas no habían permitido a nuestra Cofradía realizar su Estación de Penitencia de modo completo, pero este 2014 nos regaló una madrugá de ensueño, una Madrugá de Esperanza.

Ya era Jueves Santo y desde primeras horas de la mañana la Capilla recibía a todos los fieles, hermanos y vecinos en la tradicional visita a los pasos. Ntra. Sra. de la Esperanza desde su paso de palio presidía la Capilla y hasta el sol parecía buscar acercarse también a nuestra Madre.

Caía la noche en Villarrubia y al rededor de las 22:30h. comenzaban a llegar hermanos cofrades y las cuadrillas de costaleros al interior de la Capilla, accediendo por su entrada lateral. Hay que señalar que son estos momentos previos en el interior de la Capilla de un color, de un aire y de un sentimiento muy especiales. En ellos se unen saludos, deseos de buena Estación, oraciones y algunos nervios y desde el interior de la Capilla los hermanos formados en filas y las cuadrillas ya preparadas pueden sentir incluso la expectación que se ha generado en el exterior de la Capilla. Y al momento llegan las 00:00h.

Llegan las 00:00h. en punto y un año más el repicar de las campanas de la Capilla anuncian la apertura de sus puertas para dar paso al cortejo procesional presidido por la cruz de guía de la Hermandad.

¡Este año sí! Este año íbamos a tener una madrugá de esas que nos gustan, una madrugá completa en recorrido, en sentimiento, en emociones, en recogimiento, y sobre todo en esperanza desbordada...

Tras la salida del cortejo de hermanos y con él de los dos pasos de nuestros Sagrados Titulares, éstos alcanzaban el dintel de la Parroquia y tras una oración ante el Santísimo llegaba el momento de volver a pasar años después por el barrio de san Juan, para llegar más tarde a la querida Ermita de San Isidro, donde el patrón de los agricultores esperaba desde hace años la visita de Cristo Orando y su Madre de la Esperanza.

Cada momento, cada paso, cada chicotá eran especiales y de ese modo que tanto nos gusta, poquito a poco y repartiendo esperanza, llegamos de nuevo a nuestra Casa, a la Capilla de nuestra Madre. Ahora quedaba guardar lo vivido en la mente y el corazón para llevarlo al día a día y a nuestra gente.

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